el Anecdotario del convento de San Miguel de las Dueñas

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Aún perteneciendo a dos ayuntamientos distintos, Calamocos y San Miguel son como la cara y la cruz de la misma moneda. La rivalidad política es con Congosto, pero la rivalidad atávica era con Calamocos.  Los partidos de futbol de las fiestas patronales o eran contra Calamocos o no tenían interés. Cuando los chavales de San Miguel subían a jugar a las Eras de Calamocos, después del partido o antes de acabar si iban perdiendo, los corrían a pedradas hasta el puente, la linea divisoria, y frente desde el cual los dos bandos lanzaban sus proyectiles, evidentemente, con todas las de perder los de San Miguel, porque tirar piedras hacia arriba no es lo mismo que tirarlas hacia abajo.  Si bien los chavales de Calamocos eran brutos, las chavalas venían de una exótica cepa rubia. Hace más de cincuenta años, la madre de una de estas niñas, concertó con el Convento el ingreso como novicia de una de sus hijas, que siempre venía bien tener a alguien de la familia dentro.  De blanco y con el tamborilero, la niña muy contenta bajó hasta San Miguel con una cola de familiares, vecinos, niñas y niños de Calamocos, también muy contentos por verla tan feliz. Cuando abrieron la puerta del Convento la faz de la niña cambió: Dos filas de estatuas de monjas con velas encendidas la esperaban. Quienes lo vivieron dicen que nunca oyeron un llanto igual al de la rubia niña de Calamocos.

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